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Blog posts : "donde el divorcio encuentra resistencia en las costumbres del pueblo"

Divorcio como derecho humano en Europa!

 http://elpais.com/diario/1981/02/12/espana/350780406_850215.html

?El divorcio en Europa, una conquista de la democracia y del espíritu laico?

«La implantación de la sacrílega ley de Divorcio sería peor que un atentado a la moral y al espíritu mismo de nuestra patria . Así escribía en España, la revista de Ortega, Araquistain, Azaña, Magda Donato en 1920. El divorcio hoy, como antaño los cementerios civiles, pertenece a esa clase de demonios familiares que convierten, en España, los problemas sociales en metafísicos; la política, en teología. La gran revolución de¡ siglo XVIII introdujo el divorcio en Francia. Un decreto del año 1792 preveía que el divorcio podía concederse por mutuo acuerdo y «por simple incompatibilidad de humor». Con la restauración de los tradicionalistas desapareció el divorcio, en 1816, al constituirse la religión católica como religión oficial. Reaparece el divorcio en 1884, con «la ley Naquet», que fue reformada en 1975; en la actualidad se concede el divorcio: de mutuo acuerdo, si ambos cónyuges manifiestan que no pueden o no quieren seguir juntos; si llevan separados más de seis años; si uno de los dos es culpable de falta grave.A Portugal llegó el divorcio de la mano de la República, en 19 10, con la oposición decidida de los sectores católicos. El Concordato con la Santa Sede, en 1940, abolía la posibilidad de divorcio para católicos, al considerar el matrimonio canónico como una clase, concediendo plenos efectos civiles al casamiento canónico. Esta misma situación se da en Colombia, en el Estado Vaticano y en Liechtenstein. Con la revolución de los claveles, en 1975, se produjo una alteración del artículo XXIV del Concordato de 1940. Los católicos pueden divorciarse y se acepta como una de las posibles modalidades que sea con mutuo consentimiento. «A partir de la modificación del artículo XXIV del Concordato», escribía el obispo de Aveiro, Manuel d'Almeida, «la indisolubilidad del matrimonio católico estará sólo garantizada por la conciencia de los cónyuges, teniendo presente la doctrina y las orientaciones de la Iglesia».


  En Inglaterra, la Iglesia anglicana tomó cartas en el asunto cuando, en 1969, se quiso revisar la ley de 1857 que permitía divorciarse por escrito, sin necesidad de comparecer en juicio, siempre que hubiera acuerdo entre las partes. La Iglesia anglicana, cuyos clérigos también se casan, se preocupó de defender la institución familiar, lo que no impidió que aceptara la fórmula de que para divorciarse bastaba el «rompimiento irreparable del matrimonio». Al no existir la culpa como causa de divorcio, lo que pesa en el ánimo del juez es la situación material del cónyuge y de los hijos.

Un país de tradición católica, donde el divorcio encuentra resistencia en las costumbres del pueblo, pero en el que divorciarse no ha supuesto ningún trauma histórico, es Bélgica. Existe el divorcio por culpa de alguno de los cónyuges, también de mutuo acuerdo, siempre y cuando la pareja haya estado casada un mínimo de dos años; finalmente, por separación durante un período no inferior a los diez años.

Tierras de tradición protestante, como los países nórdicos y Estados Unidos, cuentan con una legislación liberal en el tema del divorcio.

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