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De madres solteras a educadoras infantiles en Europa.

 

En todos los países del mundo existen madres solteras, unas de ellas son nativas, otras son inmigrantes que viajan con sus hijos, este viaje lo emprenden normalmente solas y al estar radicadas mandan a traer a sus hijos, buscan obtener una vida mejor, un lugar donde tengan lo necesario para subsistir, sacar a su familia adelante, darles educación y un futuro lleno de progreso, tranquilidad, bienestar y sobre todo seguridad.

El camino para estas madres es peligroso independientemente al lugar que se dirijan, pero no les importa porque tienen que ayudar a sus hijos para ello tienen que enfrentar una serie de problemas, como el lugar donde vivir, conseguir trabajo, aprender el idioma, las costumbres del país en que habitan, en algunas ocasiones pasan meses sin trabajar debido a escases o al cambio climático.

Ante esta realidad los gobernantes implementan programas de ayuda social, dirigidas especialmente a estas madres solteras, para que desarrollen las competencias necesarias, para volverse personal calificado según sus conocimientos, mejorando sus fortalezas y debilidades, oportunidades y amenazas, algunos gobiernos le apuestan a realizar un FODA personal o de emprendimiento,  con el fin de evaluar y encontrar las aptitudes en que estas madres se puedan volver eficientes, los programas se desarrollan a nivel nacional.

El programa de Jardines Infantiles desarrollado en Finlandia incluye 32 guarderías con un aproximado de 2,200 niños, que comienzan su educación al cumplir 9 meses de edad hasta los 10 años, las madres solteras se convierten en Educadoras Infantiles y reciben un título técnico como formadoras en Educación Infantil, el cual tiene una duración de 2 años, soltera y desempleada la mayoría son mujeres extranjeras, ellas fomentan el desarrollo social y emocional en los niños.

Harrat es una madre soltera y desempleada que viajo con su hija, es originaria de Ghana y reside en la ciudad de Gante en Finlandia, el programa mencionado es auspiciado por el fondo de pobreza infantil por la Unión Europea, al salir como formadora infantil podría quedarse trabajando en cualquiera de las 32 guarderías, también se les enseña a desarrollar su empoderamiento personal.    

 

El vínculo emocional entre padre e hijo influye más en la formación de la personalidad de un niño que el de la madre. Esta es la conclusión a la que ha llegado el psicólogo Ronald Rohner de la universidad de Connecticut y que se recoge en el estudioTransnational Relations Between Perceived Parental Acceptance and Personality Dispositions of Children and Adults. Durante las primeras fases de la vida, los niños profesan un mayor respeto a la figura de su progenitor porque le otorgan más estatus y lo convierten en su modelo a seguir. Los niños criados en el seno de una familia monoparental son más propensos a sufrir disfunciones emocionales

Tras analizar más de 10.000 casos de niños criados en diferentes tipos de familias, se descubrió que los menores educados sin su padre tienden a ser más ansiosos, nerviosos e inseguros, así como hostiles y agresivos hacia los demás. Una tendencia apenas perceptible entre los niños que habían sido criados en ausencia de su madre. Esta personalidad se mantiene incluso a lo largo de la edad adulta. “No hemos encontrado ninguna otra experiencia que afecte a nuestra personalidad y a nuestro desarrollo de manera tan fuerte y consecuente como el haber sido abandonado por un progenitor, especialmente en la niñez”, según explica Rohner.

Consecuencias en la vida adulta

El estudio publicado recientemente en la revista Personality and Social Psychology es un compendio de 36 investigaciones realizadas en diferentes países. Por lo que los resultados son aplicables a todo el mundo “sin importar diferencias de raza, cultura y género”.

Las consecuencias de la falta de una figura paterna, especialmente si se produce desde los primeros años de la infancia, se reflejan en la edad adulta en forma de dificultades para entablar relaciones de confianza y tener pareja estable. La ira y el resentimiento innato a la mayoría de estos niños los cierra emocionalmente al resto de la sociedad porque desarrollan mecanismos de defensa contra el rechazo. Además, suelen tener la autoestima baja y encuentran más dificultades para desenvolverse en situaciones estresantes. Esta aseveración refuerza la idea de que los hijos criados en el seno de una familia monoparental son más propensos a sufrir disfunciones emocionales y otro tipo de problemas sociales.Los hijos otorgan a la figura de progenitor una mayor autoridad que a la madre. 

Diferentes investigaciones en psicología y neurociencia llevadas a cabo durante los últimos años ya habían descubierto que el duelo por la pérdida de un progenitor o por la ausencia del mismo activaban las mismas partes en la corteza cerebral que el dolor físico. En este caso, “los hijos criados sin la figura de su padre pueden volver a experimentar el dolor emocional una y otra vez durante muchos años”, añade el autor de la investigación.

 

Cambio de roles en la familia

Los resultados de este estudio derrumban una serie de mitos construidos alrededor de la figura materna, como recalca el propio psicólogo. “Tanto en Estados Unidos como en Europa hemos asumido que la relación afectiva de los niños con sus madres era lo más importante para que pudiesen ser educados en toda su plenitud. De este modo, la figura del progenitor pasó a un segundo plano, como un simple apoyo educativo para centrarse más en su función de sostener económicamente a la familia, pero prescindibles en los aspectos emocionales”. Sin embargo, esta creencia cultural es completamente errónea: “La influencia del padre es incluso más grande que la de la madre”.as personas que han sido criadas sin padre tienen la autoestima más baja y encuentran dificultades para entablar relaciones estables.

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